Una instalación de autoconsumo se compone de varios elementos que se integran en la instalación eléctrica ya existente en la vivienda, edificio o nave. Existen dos elementos principales que son los paneles fotovoltaicos y el inversor.

Los paneles solares fotovoltaicos aprovechan las características de materiales como el silicio para producir corriente continua, que posteriormente se convierte en corriente alterna a través de un equipo, el inversor, imprescindible en este tipo de instalaciones. Estos equipos incluyen uno o varios seguidores del punto de máxima potencia (MPPT) que permiten conectar distintas cadenas o agrupaciones de paneles, permitiendo aprovechar distintas orientaciones de las cubiertas.

Se trata de una tecnología completamente testada y que en los últimos años ha experimentado una mejora de rendimientos constante, incluyendo gestión de sombras e incluso permitiendo la activación selectiva de determinados consumos del edificio o vivienda.